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Tokyo Indi Fest y festival matsuri en Akihabara

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El último domingo en Tokio fuí al Tokyo Indi Fest. Era la primera vez que iba a un evento de este tipo y tampoco tenía muchas expectativas. Con poder jugar a unos cuantos juegos interesantes me habría dado por satisfecho, pero la verdad es que me sentí decepcionado con el evento. El local no era muy grande, lo que ya limitaba el número de desarrolladores, y alrededor de la mitad de ellos presentaban juegos para móvil, que despiertan muy poco interés en mi. El resto de juegos tenían poca variedad, y la calidad dejaba bastante que desear. No probé ni un juego que me interesara lo suficiente como para seguir su desarrollo.

Este podría haber sido un día decepcionante si no fuera porque al salir del evento nos encontramos con un festival japonés Matsuri en Akihabara en pleno apogeo. Mi primera vez presenciando un festival típico japonés, y fue algo completamente fortuito. La verdad es que han habido unos cuantos momentos de suerte en este viaje.

Un grupo de portadores transportando un palanquín Mikoshi
La calle principal de Akihabara llena de palanquines Mikoshi

Se me escapan algunos de los detalles de como funciona el festival, pero básicamente cada grupo que va uniformado con los mismos colores realiza una procesión en la que transportan unos palanquines llamados Mikoshi sobre los hombros. Aparte del ambiente festivo, también era una gozada poder pasearse por el centro de la calle principal de Akihabara que estaba cortada al tráfico.

No todos en el grupo transportan el palanquín. Algunos solo lo acompañan.
Alguien subido en el palanquin manteniendo el equilibrio.
No todos en el grupo transportan el palanquín. Algunos solo lo acompañan.

La procesión continuaba hasta un templo cercano donde imagino harían algún tipo de ofrenda, pero como se puede apreciar en las fotos, era imposible acercarse.

El punto de destino de los palanquines era este templo de Akihabara

A la vuelta me encontré con esta exhibición de percusión que me resulto espectacular. La foto no le hace justicia.

Exhibición de tambores.

Excursión al Monte Takao

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Uno de los pocos días que tenía planeado salir de la ciudad era una excursión al monte Takao al este de Tokio. La idea era escapar del entorno urbano y estar rodeado de naturaleza durante unas horas sin el agobio de la masificación de la ciudad.

El problema es que justo nos encontrábamos en medio de la Golden Week, un grupo de días festivos donde los japoneses suelen tener una semana entera de vacaciones, así que cientos de japoneses tuvieron la misma idea de escapar de visitar el monte Takao.

Hay multiples rutas para subir a la cima, incluyendo un teleférico. Tomamos la ruta 1, que resultó un poco decepcionante, ya que está totalmente asfaltada restándole mucho de su encanto, aunque algunas de las vistas durante el ascenso estaban muy chulas.

Panorámica de Tokyo desde el monte Takao

Al llegar a la cima nos encontramos con toda la marabunta. Era como estar otra vez en la ciudad, todo lleno de gente y para nada encontré allí la tranquilidad que buscaba.

Tablillas de madera en la subida al monte Takao

Por suerte desde la cima tuvimos la fortuna de poder ver el Monte Fuji en la distancia, lo cual es raro ya que normalmente está rodeado de nubes.

El Monte Fuji a lo lejos visto desde la cima del Monte Takao

Al bajar, intentamos usar la ruta 6, que parece ser la más auténtica de montaña, pero estaba llena de señales de prohibido el paso. Lo tienen organizado de forma que hasta la tarde, la ruta 6 es de solo subida, por lo que no nos quedó más remedio que descartar esa opción.

La ruta 3 tampoco tenía mala pinta, y por fin logré lo que buscaba, un poco de tranquilidad andando por la montaña.

Una flor iluminada por un rayo de luz

Si alguien tiene interés en ir, mi recomendación sería subir por la ruta 6 y bajar por la ruta 3, y en la medida de lo posible, evitar ir en medio de la Golden Week.

Jardines Rikugi-en y Odaiba

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Los jardines Rikugi-en fueron construidos alrededor del 1700, y son un claro ejemplo de un jardín típico japonés. Todo el jardín estaba cuidado al detalle, e incluso mientras paseábamos podíamos ver a trabajadores podando y cuidando las plantas y los árboles.

Tal vez por suerte, o porque no están en una zona muy turística, no había mucha gente visitándolos, y la mayoría eran abuelitos japoneses que se estaban dando un paseo por allí para pasar el día.

Los jardines Rikugi-en

El parque tiene bastantes caminos por los que perderse y tiene varios comederos donde los abueletes descansaban mientras se hacían un pícnic. También tiene sus rincones y recovecos tranquilos como este pequeño riachuelo.

Un pequeño riachuelo y cascada en los jardines Rikugi-en

El lugar más concurrido del parque es la cima de una pequeña colina desde la que se tiene una vista estupenda de todo el parque.

Los jardines Rikugi-en vistos desde lo alto de una pequeña colina

Ese mismo día por la tarde visité Odaiba, una gran isla artificial en la bahía de Tokyo que se ha convertido en una importante area residencial, comercial y de recreo. Uno de mis principales objetivos al visitar Odaiba era aprovechar sus amplios espacios para hacer algunas fotos del atardecer, ya que la mayoría de las fotos que he hecho en este viaje han sido diurnas.

Silueta de edificios desde Odaiba en la puesta de sol
Silueta del edificio de la televisión Fuji TV en Odaiba en la puesta de sol

También quería aprovechar para hacer algunas fotos nocturnas ya que la iluminación de los edificios en Tokio suele dar mucho juego. Un gran ejemplo de esto el edificio de la televisión Fuji TV, que por la noche convierte sus ventanas en píxeles de una enorme pantalla donde muestran animaciones acompañadas de música.

El edificio de la Fuji TV con su espectáculo nocturno

Por último, quería probar a fotografíar el Rainbow Bridge con el skyline de Tokyo de fondo. Para no tener un trípode con el que estabilizar la cámara en las largas exposiciones, creo que la foto ha salido bastante bien.

El Rainbow Bridge y el skyline de Tokio de noche

Parque Kitanomaru

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En mi anterior viaje a Japón visité los alrededores del Palacio Imperial, y me resultó un poco frustrante que no hay realmente mucho que ver porque no está permitida la entrada. Lo que sí se puede visitar es el parque Kitanomaru, situado justo al norte del palacio, y que contiene varios museos y el Nippon Budokan, un estadio cerrado donde se realizan principalmente competiciones de artes marciales, pero también conciertos o combates de boxeo o lucha libre.

Pero mi objetivo en esta visita era explorar el parque, y me dejó una sensación agridulce y un poco de decepción. Yo diría que el parque tiene principalmente 3 zonas, una donde están todas los caminos asfaltados, otra zona abierta con césped alrededor de un lago, y una tercera zona en el lado oeste, ya más frondosa con caminos de tierra.

Hacía bastante calor, y pasear por caminos amplios asfaltados no era muy agradable. La zona de césped no tenía ni una sombra en la que refugiarse, y solo habían familias pasando el día. La zona frondosa era lo que estaba buscando, y tenía unas buenas vistas desde las que se podían ver los jardines del Palacio Imperial y la autopista que separa los dos parques.

Vista de los jardines del Palacio Imperial desde el parque Kitanomaru

El problema es que esta zona frondosa es bastante pequeña, por lo que el paseo se me hizo muy corto. Algo que sí me gustó fueron las puertas del parque, así que aquí dejo tres de las “puertas”, incluido un Torii gigante.

Torii gigante en la entrada de Yasukuni Shrine
La entrada norte al parque Kitanomaru
La salida este del parque Kitanomaru

Universidad de Tokio y santuario sintoísta Nezu-jinja

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Cuando fui a Tokio por primera vez todavía estaba en la universidad, y la influencia de animes como Love Hina, cuyo protagonista está estudiando para las pruebas de acceso, me hacía ver el edificio principal de la Universidad de Tokio como algo legendario.

En este viaje la he vuelto a visitar y aunque ya no me transmite esas emociones tan intensas, me sigue encantando esa atmósfera de serenidad que transmite.

Una persona andando entre arcos y sombras en la Universidad de Tokio

Es un placer perderte entre sus edificios y explorar sus numerosos recovecos. Incluso tiene una pequeña zona verde con un lago que parece que estés en medio de la montaña. Pero por supuesto lo principal de la visita es pasar por su edificio principal.

El edificio más emblemático de la Universidad de Tokio

Al norte de la universidad encontramos el santuario sintoísta Nezu-jinja que al no ser tan conocido está mucho menos masificado, aunque incluso en una mañana entre semana tenía una buena cantidad de visitantes. De nuevo podemos apreciar como los japoneses intentan integrar los espacios naturales en un entorno urbano.

Un estanque rodeado de naturaleza en el santuario sintoísta Nezu-jinja

El santuario también tiene un camino con cientos de Torii que siempre encuentro divertido pasear entre ellos y también dan pie a unas buenas fotos.

Un camino bajo los torii en el santuario sintoísta Nezu-jinja

Y como no, la fotografía de rigor entre los torii.

Carlos Llongo debajo de unos torii en el santuario sintoísta Nezu-jinja

De los templos que he visitado en Tokio diría que este es de los más bonitos y más agradables de pasear, por lo que entra dentro de mis recomendaciones para alguien que quiera salirse de los puntos más turísticos.

Exposición de Marvel y Tokio desde las alturas en Roppongi

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Roppongi es uno de los barrios de Tokio que no había visitado en mis viajes anteriores a Japón. Su edificio más característico es Roppongi Hills y dio la casualidad de que nos encontramos con una exposición de Marvel, con comics the todas las épocas y trajes y armaduras de las películas.

Hulk contra Iron Man
Evolución de los trajes de Iron Man

Desde la propia exhibición los grandes ventanales te ofrecen una vista increíble de la ciudad de Tokio. Sin embargo, pagando un poco más puedes subir al helipuerto en la azotea del edificio, y las vistas son todavía más espectaculares. Hay algo especial en poder ver la ciudad en todas direcciones, sin cristales de por medio, y con el cielo sobre tu cabeza. Como no, es un lugar ideal para hacer algunas panorámicas de la ciudad.

Vista panorámica del lado este de Tokio
Vista panorámica del lado oeste de Tokio

No podía faltar una foto mía desde las alturas.

Carlos Llongo en lo alto de Roppongi Hills con la Tokyo Tower de fondo

Desde allí dando un paseo se puede llegar al templo Zōjō-ji que está a los pies de la Tokyo Tower. La verdad es que para estar al lado de un lugar tan turístico, no había mucha gente y pude hacer algunas fotos chulas.

Las primera es, como no, de la Tokyo Tower entre los árboles, en un parque justo al lado del templo.

La Tokyo Tower vista entre los árboles

Llegando al templo nos encontramos con estas estatuillas de piedra llamadas O-jizo con sus molinillos de viento en movimiento.

O-jizo en el templo Zōjō-ji

Por último el templo Zōjō-ji con la Tokyo Tower de fondo.

Carlos Llongo en el templo Zōjō-ji, con la Tokyo Tower de fondo

Parque de Ueno y Templo Sensō-ji en Asakusa

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Tengo un especial cariño por el parque de Ueno porque fue el primer lugar que visité en mi primera visita a Japón. Desde entonces, se ha convertido en una visita obligada en todos mis viajes al país nipón.

Como punto positivo, esta ha sido la primera vez que visito el parque con el Sakura florecido, por lo que estaba más bonito que nunca. Como punto negativo, el turismo chino ha explotado en los últimos años, y los principales puntos de interés de Tokio están increíblemente masificados.

Paseo cubierto de Sakura en el parque de Ueno

Con este panorama pongo especial esfuerzo en conseguir sacar fotos en las que no salga gente, y algunas quedan incluso bonitas, como estas fotos de una pagoda y de un león guardian.

Lámpara de piedra, sakura y pagoda en el parque de Ueno
Un león guardian de piedra en el parque de Ueno

Al final del parque hay una gran explanada, con el Museo Nacional de fondo, que se prestaba para algunas fotos con un ángulo más ancho.

Explanada con el Museo Nacional de fondo en el parque de Ueno

Para terminar el día nos fuimos paseando hasta el barrio de Asakusa, donde está el templo Sensō-ji. La calle que lleva hasta el templo está llena de tiendas de souvenirs, y aunque siempre está hasta arriba de gente, hay tantas cosas que ver que resulta un paseo agradable.

Calle llena de tiendas que lleva al templo Sensō-ji en Asakusa

Como bonus friki, este dragón que sostiene en su garra una bola de dragon. Es una pintura en el techo del templo y la última vez que lo visité no pude hacer una buena foto porque la cámara no daba más de sí. Por fin me he podido quitar esa espinita.

Ilustración de un dragón en el techo del templo Sensō-ji en Asakusa

Paseando por Ikebukuro

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Algo que quería hacer en este viaje, siguiendo los consejos de Kirai, es ir a distintos barrios de Tokio y simplemente pasear por sus zonas menos turísticas y transitadas. Tras pasear por Shinjuku, el siguiente barrio que visité fue Ikebukuro.

Nada más salir de la estación me dieron la bienvenida estos simpáticos buhos.

Arbustos con forma de buho en la salida de metro de Ikebukuro

Ikebukuro ya para empezar no es un barrio muy turístico, y en cuanto me alejé un poco de la estación, me resultó una zona muy tranquila y agradable de pasear. Sin buscarlo me encontré con este santuario Sintoísta que solo tuve que compartir con una abuelita que paseaba por allí.

Santuario Sintoísta en Ikebukuro
Carlos Llongo debajo de un torii en un Santuario Sintoísta en Ikebukuro

Adyacente al Santuario había un Templo Budista cuya entrada estaba preciosa con el Sakura en flor.

Camino que lleva a un templo budista en Ikebukuro
Entrada al templo budista en Ikebukuro

Floración del Sakura en Shinjuku

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En mis anteriores viajes a Japón, siempre llegaba a Tokio cuando los cerezos empezaban la floración, por lo que nunca los he llegado a ver en su apogeo.

Esta vez el viaje ha sido un poco más tarde y podré disfrutar del florecimiento del Sakura en su máximo esplendor. El primer día ya tuve un primer encuentro en un paseo por el parque Shinjuku Gyoen (新宿御苑). Llegué pronto y aun así ya había un montón de gente haciendo fotografías. Se nota que hay autentica pasión por el evento.

Un solitario cerezo rodeado de gente haciendo fotos
Un ramillete de flores de sakura
Un grupo de árboles sakura
Las ramas de un sakura sobre el lago

Pero tampoco hace falta irse a uno de los grandes parques para disfrutar del Sakura. Tokyo está lleno de pequeños parques y lugares donde los japoneses puede disfrutar de esta floración.

Sakura en el parque Toyama
Pétalos de sakura cubriendo la colina
Árboles de sakura sobre el rio Kanda en Shinjuku

También me encanta el contraste entre estos espacios naturales con su entorno urbano y rascacielos.

Sakura con un rascacielos de fondo

Destino Berlín – Revisitando los Coworkings

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Revisando mi anterior entrada en la que hablaba de mis primeras impresiones de los coworkings en Berlín, me sorprende lo acertadas que fueron mis observaciones, pero tras pasar un poco más de tiempo en los tres, puedo dar una opinión más completa.

Betahaus

En este coworking pasé mis dos primeros meses. Sí, es el coworking más concurrido, y los desayunos son multitudinarios, aun así la interacción entre miembros del coworking is casi nula. Hay una tarde al mes en la que se hace una reunión para tomar unas cervezas, pero no es suficiente. Me da la impresión de que están perdiendo una gran oportunidad al no fomentar más actividades para los coworkers. En cuanto a trabajar allí, las instalaciones están bastante bien, la sala es grande, con mucha luz natural. Pero, y es un pero muy grande para mi, el entorno es muy ruidoso. Muchos de los coworkers están constantemente al teléfono, a grito pelado, o manteniendo reuniones, o dando clases en medio de la oficina. En una oficina compartida hay que velar también por el trabajo de los compañeros, y aquí nadie mira por el bien de los demás. Le di dos meses, y creo que debería de haber sido solo uno. Si necesitas un ambiente tranquilo para trabajar, este coworking no es para nada recomendable.

Ahoy!

Al abandonar Betahaus, volví a probar Ahoy!, y la verdad es que está muy cambiado. Mucha más gente, las instalaciones han mejorado, hay hasta una cafetería en el interior, y la zona de trabajo está bien equipada y era tranquila. Hasta aquí todo bien, salvo por dos problemas. El primero es la conectividad a internet. Sufrí desconexiones y una velocidad ridícula durante todo el día. Esto es simplemente inaceptable, pero puede que fuera un problema puntual de ese día. El segundo punto, y este no tiene arreglo, ya lo comenté en mi artículo anterior. La zona en la que está situado el coworking esta muerta. Esta vez me di una vuelta más larga, intentando encontrar algunos sitios decentes para comer, pero no hay nada. Un indio y un kebab. Siendo que yo como fuera de la oficina todos los días, esto era un gran impedimento para mi, por lo que descarté este coworking.

CO-UP

Primero comentar que han actualizado la web y por fin es decente. Las instalaciones son quizás las más flojas de los tres coworkings, y el horario es sin duda su peor punto, abriendo a las 10:00. Sin embargo si me hubiese quedado más de un mes seguramente habría contratado el acceso 24 horas, solucionando este problema. Hay menos gente que en Betahaus, por lo que acabas conociendo a todos, y me da la impresión que había más interacción. Está en una zona excelente, cerca del metro y rodeado de sitios para ir a comer. Buena conexión a internet y silencio absoluto en la zona de trabajo, por lo que para mi lo sitúa como el mejor de los coworkings que probé. El único inconveniente es el precio, siendo el más caro de los tres.